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Liderazgo Cristocéntrico

Hay poder en los momentos de soledad

Eduardo Mendes · 2024–2025 · Lectura de 2 min

Como líderes, hay momentos en que experimentamos una soledad extrema. A veces, esos momentos pueden aliviarse al contar con un pequeño grupo de confianza para las decisiones o con un grupo más amplio para conclusiones más generales.

Las situaciones más desafiantes, sin embargo, son aquellas en que un líder necesita actuar solo y no hay forma de compartir con nadie. Son momentos de profunda convicción de que la decisión que debe tomarse es exclusivamente nuestra. No suceden con frecuencia, pero suceden. En esos momentos, percibimos la importancia de estar cerca de Dios.

La Biblia menciona a dos grandes líderes que estuvieron solos al tomar decisiones importantes: Jesús y Abraham. Jesús, en su agonía en Getsemaní (Matthew 26:36-39), fue con sus discípulos a orar. En el versículo 36, dice: "Quédense aquí mientras voy allá a orar." Luego, lleva consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y les dice: "Mi alma está muy triste, hasta la muerte. Quédense aquí y manténganse despiertos conmigo." (versículo 38) Jesús se aleja un poco más y ora al Padre para que apartara de él aquella copa de sufrimiento. Esa decisión de estar con el Padre y hacer esa petición era solo suya y, durante ese tiempo, se aparta de todos los demás. ¿Alguna vez te has preguntado si Pedro escuchó la oración de Jesús?

Abraham también fue un líder que tuvo su momento de decisión solitaria, en Genesis 22. ¿Con quién podría compartir esa decisión de matar o sacrificar a su hijo? ¿Hablar con Sara? ¿Hablar con sus consejeros? Imagino a Sara escuchando de su esposo que va a matar a Isaac, el hijo de la promesa. Creo que Sara y los ancianos habrían pensado que estaba loco e intentarían de todo para impedirle obedecer a Dios. Era su momento de decisión, y solo suyo.

La paz en el Cuerpo de Cristo es la causa a la que Dios me ha guiado a buscar. Me acerqué a Él en soledad después de sentirme impulsado a hacerlo. Líder, hay momentos en que eres tú, Dios y nadie más. Apóyate en esos momentos y verás cómo tu liderazgo se vuelve más enfocado y con más propósito.