Liderar con Dios: la importancia de la intimidad y del temor
Líder íntimo con Dios
La intimidad del SEÑOR es para los que le temen, a quienes él dará a conocer su pacto. Mis ojos están siempre puestos en el SEÑOR, ... Sal 25.14-15.
Para ser un líder eficaz, la condición básica es ser alguien íntimo de Dios, amigo de Dios. La intimidad con Dios lleva al líder a conocerlo como alguien que vive una experiencia con Él, y así lo conoce como nadie. Como resultado de esa relación íntima, pasa a saber de una manera mucho más clara cuáles son sus planes e intenciones para nuestro ministerio.
Percibe que el texto dice que esa intimidad es exclusiva para los que le temen. Sin el debido temor no hay manera de conocer su pacto, sus propósitos y sus direcciones.
Temer a Dios significa tener por Él una reverencia tan grande que ciertamente influirá en cómo vivimos nuestras vidas. En Proverbios 9.10 dice que el temor del SEÑOR es el principio de la sabiduría. Por lo tanto, el temor precede a la sabiduría, y sin sabiduría no hay manera de ser íntimo de Dios. Es muy fácil de entender que, sin el debido temor de Dios, la sabiduría no viene, y sin ella nuestra tendencia sería actuar por nosotros mismos. Ahí está el peligro, porque actuando así no hay intimidad para penetrar en sus propósitos e intenciones y así dirigir nuestro ministerio.
Podemos extraer dos preciosas lecciones para nuestro ministerio de liderazgo: Primera: La sabiduría solo puede alcanzarse cuando hay temor en nuestro corazón. Segunda: Imitemos al salmista que dice en el versículo 15: "Mis ojos están siempre puestos en el SEÑOR.