Salmo 90: Una reflexión sobre los atributos divinos y la transitoriedad humana
Salmo 90: Una reflexión sobre los atributos divinos y la transitoriedad humana
El Salmo 90, atribuido a Moisés, posiblemente fue compuesto durante el período del Éxodo o en el desierto. Este salmo poético usa paralelismo, metáforas e imágenes poéticas para contrastar la naturaleza humana con la divina, revelando los atributos comunicables e incomunicables de Dios.
El salmo comienza declarando la eternidad y la inmutabilidad de Dios: "Señor, tú has sido nuestro refugio a través de todas las generaciones" (v.1). Aquí, Dios es descrito como omnipresente y verdadero. A continuación, "Antes de que nacieran los montes y de que formaras la tierra y el mundo" (v.2), Dios es retratado como autoexistente y omnipotente, no dependiendo de nada ni de nadie para existir. Esta declaración continúa con "desde la eternidad y hasta la eternidad, tú eres Dios" (v.2b), destacando la eternidad, la infinitud y la inmutabilidad de Dios.
El versículo 3 introduce la soberanía de Dios: "Vuelves al hombre hasta convertirlo en polvo, cuando dices: 'Vuélvanse al polvo, seres humanos.'" Esto demuestra su control sobre la vida y la muerte. El concepto de la eternidad divina se refuerza en "Mil años, para ti, son como el día de ayer, que ya pasó" (v.4), enfatizando la infinitud y la soberanía de Dios. Los versículos 5 y 6 ilustran la brevedad de la vida humana en contraste con la eternidad de Dios, destacando la transitoriedad humana ante la soberanía divina.
El versículo 7 habla de la omnipotencia y la soberanía de Dios, consumiendo con ira, y enfatiza la misericordia divina. Luego, "Has puesto nuestras maldades delante de ti; nuestros pecados secretos, a la luz de tu presencia" (v.8), Dios es presentado como omnisciente, santo y amoroso, conociendo profundamente a la humanidad.
La pasaje continúa reflexionando sobre la naturaleza pasajera de la vida humana ante la eternidad de Dios: "Todos nuestros días pasan bajo tu ira; terminamos nuestros años como un suspiro" (v.9), reforzando la soberanía y la justicia divinas. En el versículo 11, se explora la intensidad de la ira de Dios, destacando una vez más su omnipotencia y justicia.
Por último, el Salmo clama por sabiduría y compasión: "Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría" (v.12), enfatizando la necesidad humana de sometimiento y búsqueda de la sabiduría divina. Los versículos finales piden la manifestación de la bondad divina: "Que se manifieste tu obra a tus siervos" (v.16), solicitando que la gracia y la obra de Dios sean evidentes y permanentes.
El Salmo 90, por lo tanto, no solo exalta los atributos de Dios, como la eternidad, la soberanía, la omnipotencia y la misericordia, sino que también reflexiona sobre la condición humana, invitándonos a vivir una vida de sabiduría, sometimiento y búsqueda constante de la presencia divina. Comprender quién es Dios moldea nuestra identidad y nos proporciona los principios para vivir una vida que lo glorifique y refleje su voluntad.