Santidad e Impacto
No hay forma de impactar al mundo sin el temor del Señor. Este principio es crucial para la vida cristiana y el funcionamiento de la iglesia. En Salmo 25:12, leemos: "¿Quién es el hombre que teme al Señor? Él le enseñará el camino que debe escoger." El temor del Señor es el fundamento de la dirección divina; aquellos que reverencian a Dios reciben Su instrucción y dirección.
La intimidad con Dios es un privilegio reservado para quienes le temen. En Salmo 25:14, está escrito: "El Señor confía sus secretos a los que le temen, y les da a conocer su pacto." Esa intimidad proporciona un conocimiento profundo del pacto de Dios, revelando sus propósitos y promesas.
Los resultados de esa intimidad están descritos en los versículos 16 al 22 del mismo Salmo: "Vuélvete a mí y ten misericordia de mí, porque estoy solo y afligido. Alivia las angustias de mi corazón y líbrame de mis aflicciones. Mira mi aflicción y mi penuria, y perdona todos mis pecados. Mira cómo se han multiplicado mis enemigos y con qué odio me persiguen. Guarda mi vida y líbrame; no permitas que sea avergonzado, porque en ti me refugio. Que la integridad y la rectitud me protejan, porque en ti pongo mi esperanza, Señor. ¡Oh Dios, redime a Israel de todas sus angustias!" Estos versículos muestran cómo la intimidad con Dios trae liberación, perdón, protección y esperanza.
El temor del Señor es un concepto fundamental en las Escrituras, que representa profunda reverencia, respeto y sumisión a la voluntad de Dios. Este principio moldea nuestro carácter y nuestras acciones. Jesús, en Su humanidad, demostró una sumisión completa, obedeciendo al Padre en todo. En el huerto de Getsemaní, oró: "Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya" (Lucas 22:42). Ese momento revela la esencia del temor del Señor: una sumisión total y reverente a la voluntad de Dios, aun frente al sufrimiento extremo.
Job también ejemplifica este temor. En Job 1:1, leemos: "Vivía en la tierra de Uz un hombre llamado Job. Era un hombre íntegro y recto, que temía a Dios y evitaba el mal." Job vivió una vida de integridad y rectitud por causa de su temor a Dios.
Por lo tanto, el temor del Señor es una brújula moral que nos guía hacia la santidad y nos aleja del pecado, fortaleciendo nuestro compromiso con una vida piadosa. Que todos cultivemos ese temor, siguiendo el ejemplo de Jesús y de Job, para impactar al mundo de manera poderosa y verdadera.
Antonio Mendes
Consultor de Liderazgo de Iglesias y Ministerios