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Reflexión Bíblica

Confiando en la bondad inmutable de Dios

Eduardo Mendes · 2024–2025 · Lectura de 2 min

La canción Goodness of God resuena con muchas verdades bíblicas sobre la fidelidad y la bondad perdurables de Dios, independientemente de nuestras circunstancias. Cuando cantamos "Tu bondad corre tras de mí", eso hace eco de las Escrituras que nos recuerdan su búsqueda y cuidado constantes por nosotros.

Cuando la vida va bien, es fácil reconocer la bondad de Dios. En momentos de bendición, recordamos Salmo 23:6, que dice: "Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor moraré por largos días." La bondad de Dios no es pasiva: nos persigue activamente. Su amor y misericordia están siempre con nosotros, asegurándonos que, aun en tiempos de abundancia o paz, su presencia sea evidente.

Sin embargo, el desafío surge cuando la vida no va de acuerdo con nuestros planes. En tiempos de dificultad, decepción o injusticia, es más difícil declarar: "Te lo entrego todo." Aun así, incluso entonces, la bondad de Dios permanece constante. Romanos 8:28 nos anima con esta promesa: "Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito." Este versículo nos asegura que Dios está obrando en toda situación, incluso en nuestras luchas, produciendo un bien que tal vez aún no veamos ni comprendamos.

En tiempos de dolor, sufrimiento o confusión, podemos sentir que Dios está distante o en silencio. Sin embargo, la Biblia nos recuerda que su bondad no cambia según nuestras circunstancias. Lamentaciones 3:22-23 proclama: "Por el gran amor del Señor no somos consumidos, y su compasión jamás se agota. Cada mañana se renuevan sus bondades; ¡muy grande es su fidelidad!" Incluso en los tiempos más oscuros, la misericordia y la fidelidad de Dios se renuevan a diario, obrando constantemente en nuestras vidas.

Nuestras limitaciones humanas a menudo nos impiden ver el panorama completo, pero Proverbios 3:5-6 nos instruye a confiar en la sabiduría de Dios: "Confía en el Señor de todo tu corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas." Confiar en Dios significa rendir nuestra perspectiva limitada, creyendo que él nos guía con su bondad incluso cuando el camino por delante parece incierto.

Por último, cuando entregamos nuestras vidas y nos rendimos por completo a la voluntad de Dios, hacemos eco de las palabras del propio Jesús en Lucas 22:42: "Padre, si quieres, toma de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya." Incluso en su momento más difícil, Jesús confió en la bondad del Padre, entregándose por completo a su plan. Este acto supremo de rendición nos recuerda que la bondad de Dios a veces nos conduce por el valle, y no alrededor de él, pero siempre para nuestro bien y para su gloria.

Al aferrarnos a estas promesas, podemos cantar "Tu bondad corre tras de mí", aun cuando la vida parezca abrumadora, porque sabemos que su bondad y misericordia jamás fallarán.