La longanimidad de Dios
13 "a pesar de que yo era blasfemo, perseguidor e insolente; sin embargo, se me mostró misericordia, porque lo hice por ignorancia y en incredulidad;"
14 Pero la gracia de nuestro Señor se desbordó con la fe y el amor que hay en Cristo Jesús.
15 "Este mensaje es digno de crédito y merece ser aceptado por todos: Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero;"
16 pero precisamente por eso se me mostró misericordia, para que en mí, el peor de los pecadores, Cristo Jesús demostrara toda su paciencia, y sirviera de ejemplo a los que habrían de creer en él para obtener la vida eterna. 1 Timoteo 1:15-16.
Tres cosas que me llamaron la atención en este texto:
Primera: Pablo lo describe como una de las personas más terribles a las que pudiera alcanzarse con la gracia misericordiosa de Dios. Mire en el versículo 13 cómo se autodefine: blasfemo, perseguidor, arrogante, incrédulo e ignorante.
El versículo 14 dice que la gracia se desbordó en la vida de alguien descalificado. ¡Eso es gracia!
Segunda: Dios no tiene prisa por condenar a nadie. Cuando Dios lo llamó para ser su apóstol, él tenía aproximadamente 30 años. Fue el momento en que Dios consideró que debía ser salvo. El Señor no tarda en cumplir su promesa, como algunos la entienden. Al contrario, es paciente con ustedes y no quiere que nadie perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. 2 Pedro 3:9.
Tercera: Su vida sirvió de ejemplo (v. 16) para los que habrían de ser salvos.
¡Texto fantástico! Muestra que no hay prisa para condenar, porque ni Dios tuvo prisa. Nuestra prisa no es compatible con la misericordia paciente de Dios.
MISERICORDIA PRESENTE – V. 13
Dios no tiene prisa por condenar, ni siquiera a los blasfemos, perseguidores, arrogantes e incrédulos.