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Iglesia y Ministerio

Liderando con Sabiduría: Consenso y Unanimidad en la Toma de Decisiones de la Iglesia

Eduardo Mendes · 2024–2025 · Lectura de 2 min

Liderando con Sabiduría: Consenso y Unanimidad en la Toma de Decisiones de la Iglesia

¿Consenso o Unanimidad? ¿Cuál de estas modalidades estaría más cerca del ideal de Dios para la iglesia? Consenso es el acuerdo o la uniformidad de opiniones. La unanimidad es la cualidad de ser unánimes. El ideal para la iglesia es que seamos unánimes en nuestras decisiones, pero eso es casi imposible dada la diversidad de ideas. La unanimidad solo debe considerarse cuando se trata de principios del Evangelio que nunca deben ponerse en discusión.

No hay discusión sobre si Jesús es o no es Dios, si el ser humano nace pecador o no, si Jesús volverá o no. Esos son puntos que nunca deben debatirse ni votarse. No se trata de consenso, sino de unanimidad. Nunca podríamos tener un debate para decidir si debemos ser humildes o no. "Vivan en armonía los unos con los otros. No sean arrogantes, sino háganse solidarios con los humildes. No se crean los muy sabios." (Romanos 12:16). Sería absurdo debatir si debemos glorificar a Dios o no, pues estas son cuestiones de unanimidad que implican puntos doctrinales incuestionables. "Para que con un solo corazón y una sola voz glorifiquen al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo." (Romanos 15:6).

Fuera de las cuestiones doctrinales indiscutibles, no nos queda otra opción que trabajar con el consenso, no con la unanimidad. El consenso es el sistema que, en mi opinión, es el más bíblico. En el consenso, renunciamos a nuestras preferencias y caminamos con otros que piensan diferente, sin partidismos, que manchan a la iglesia. "No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no solo por sus propios intereses, sino también por los intereses de los demás. La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús." (Filipenses 2:3-5).

El texto bíblico ofrece instrucciones que encajan perfectamente en el sistema de consenso. La rivalidad desaparece, la humildad prevalece sobre el orgullo, considerando al otro hermano como superior. Cuando Pablo concluye su argumento, inspirado por Dios, considera estas instrucciones como algo que Jesús haría (y hizo). Las disputas, las peleas y las divisiones ocurren por la falta de aplicación del principio del consenso, que es la actitud que Jesús espera de nosotros.

Antonio Mendes

Consultor de Liderazgo de Iglesias y Ministerios