Los Vacíos que Nos Llenan
Parece una contradicción decir que un vacío puede llenar. Por definición, vacío significa: "que no contiene nada". ¿Cómo podemos justificar nuestro título: "Los vacíos que nos llenan"?
Me refiero a los dos símbolos más significativos del cristianismo: la cruz y el sepulcro vacío. Ambos están vacíos. Cuando María Magdalena vio el sepulcro vacío, se desesperó, pensando que alguien se había llevado el cuerpo del Señor Jesús (Juan 20:2). El sepulcro vacío todavía no significaba victoria para ella ni para los demás, pues aún no sabían que Jesús tenía que resucitar de entre los muertos (Juan 20:9). Todavía no comprendían que ese vacío inundaría y llenaría sus corazones tristes y desanimados. Sin embargo, aquel vacío, aparente derrota, era en realidad victoria.
Cuando Jesús se aparece a María con su cuerpo resucitado y glorificado, ella no puede contenerse y quiere retenerlo (Juan 20:17). Pero él le ordena que vaya y les diga a los discípulos que está vivo.
Cuando Jesús murió en la cruz, muchas mujeres que lo habían seguido estaban allí observando (Mateo 27:55). Puedo imaginar que, cuando el cuerpo de Jesús fue retirado de la cruz, la tristeza de ellas, al contemplar la cruz vacía, se hizo aún mayor. Poco sabían que la cruz vacía se convertiría en el símbolo más importante de victoria. Allí estaba la evidencia más clara de una victoria que el mundo llegaría a conocer.
La cruz vacía, junto con el sepulcro vacío, se convirtió a lo largo de los siglos en una marca indiscutible de la victoria sobre la muerte. Estos "vacíos" llenan nuestros corazones con la esperanza concreta de la victoria sobre la muerte. La cruz y el sepulcro vacío nos capacitan para hacer, sin miedo, el mismo desafío del apóstol Pablo.
"¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón? Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo." 1 Corintios 15:55, 57.
Mendes