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Reflexión Bíblica

Sintiéndote Abandonado: Reflexiones sobre el Salmo 22 y la Experiencia del Líder con la Distancia Divina

Eduardo Mendes · 2024–2025 · Lectura de 2 min

Sintiéndote Abandonado: Reflexiones sobre el Salmo 22 y la Experiencia del Líder con la Distancia Divina

¿Alguna vez te has sentido distante de Dios en tu liderazgo?

Esa puede ser una experiencia difícil para muchos líderes, especialmente para quienes ejercen funciones basadas en la fe. En el Salmo 22, David, conocido como un hombre conforme al corazón de Dios, expresa este sentimiento de abandono cuando clama: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Salmo 22:1). Como líderes, todos atravesamos momentos en los que parece que Dios está lejos, y esa es una experiencia natural, aunque dolorosa.

En el versículo 2, David comparte su lucha, diciendo: "Dios mío, clamo de día y no me respondes; clamo de noche y no hallo descanso." Este es un sentimiento con el que muchos líderes pueden identificarse: clamar a Dios, pero sentirse no escuchados. Eso puede llevarnos a cuestionar la presencia y el cuidado de Dios en nuestra vida. También podemos empezar a compararnos con אחרים, como hizo David al decir: "En ti confiaron nuestros antepasados; confiaron, y tú los libraste" (Salmo 22:4). Puede parecer que Dios ayuda a los demás, pero no a mí.

Pero la historia de David no termina en la desesperación. Más adelante en el salmo, se vuelve hacia la esperanza, diciendo: "Pero tú, Señor, no te alejes de mí; tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme" (Salmo 22:19). Esto nos recuerda que, aun cuando Dios parece distante, debemos aferrarnos a la esperanza de su ayuda y de su presencia.

Para los líderes que se sienten distantes de Dios, el Salmo 22 ofrece consuelo. Nos muestra que no hay problema en expresar nuestras dudas y luchas. No tenemos que esconder lo que sentimos. No estamos solos en este camino.

Recordar la fidelidad pasada de Dios también puede ayudar a restaurar nuestra confianza en su presencia. Aun cuando nos sentimos lejos de Dios, él sigue cerca. Así como David pasó de la desesperación a la esperanza, nosotros también podemos encontrar fuerza y propósito renovados en nuestro liderazgo al aferrarnos a las promesas de Dios.